Mesopotamia: cuna de las primeras ciudades, la escritura y el arte antiguo
Entre los ríos Tigris y Éufrates, en el territorio del actual Irak, floreció hace más de cinco mil años una de las civilizaciones fundacionales de la humanidad: Mesopotamia. Sobre una llanura aluvial fértil surgieron, ya en el cuarto milenio antes de Cristo, las primeras ciudades del mundo —Uruk, Ur, Eridu, Lagash y Nippur—, organizadas como ciudades-estado independientes gobernadas por reyes y sacerdotes en torno al templo y al palacio.
Fue precisamente en Uruk donde nació, hacia el año 3200 a. C., la escritura cuneiforme, el sistema de escritura completo más antiguo conocido. Surgió como herramienta contable: los templos sumerios necesitaban registrar cosechas de grano y cabezas de ganado, y para ello emplearon primero pictogramas grabados sobre tablillas de arcilla húmeda. Con el tiempo, esos signos se estilizaron en forma de cuñas —de ahí su nombre— y pasaron a representar sonidos además de objetos. El sumerio fue la primera lengua registrada así; luego llegó el acadio, y con los siglos el sistema se adaptó a más de quince idiomas, usándose durante más de tres milenios en documentos administrativos, obras literarias, religiosas y legales.
El arte mesopotámico, por su parte, estuvo ligado a la religión y al poder político. La arquitectura se caracterizó por el zigurat, una torre escalonada de ladrillo que servía de templo y buscaba acercar la ciudad al mundo divino; el Gran Zigurat de Ur es uno de los ejemplos mejor conservados. En escultura predominaron las figuras votivas de oferentes —sacerdotes y gobernantes de ojos grandes, manos cruzadas y posturas rígidas y frontales, talladas en piedra caliza o diorita— junto a relieves narrativos como el Estandarte de Ur o la Estela de Naram-Sin. Destacan también la Estela del Código de Hammurabi y los sellos cilíndricos, pequeños objetos grabados que autenticaban documentos y creaban diseños al hacerlos rodar sobre arcilla fresca.
En el primer milenio antes de Cristo, asirios y babilonios llevaron este lenguaje artístico a otro nivel: los palacios asirios se decoraron con relieves de cacerías reales y con los lammasu, colosales toros alados de cabeza humana que custodiaban las entradas. El ejemplo culminante llegó con la Puerta de Ishtar, construida hacia el 575 a. C. por Nabucodonosor II en Babilonia, revestida de ladrillos vidriados azules con figuras de toros y dragones, hoy reconstruida en el Museo de Pérgamo de Berlín. Entre escritura, arquitectura y escultura, Mesopotamia sentó buena parte de las bases artísticas y administrativas de la civilización posterior.